Anita enfiestada otra vez por sus compañeros

Anita enfiestada otra vez por sus compañeros
Después del festejo de su cumpleaños fuera de casa, mi esposa había regresado esa noche sin recordar casi nada de lo que le había sucedido; incluyendo que dos de sus compañeros de trabajo la habían cogido mal, dejándole la cola rebosante de semen…

Un par de meses después la empresa de Ana organizó una fiesta para celebrar el fin de año. Era una buena oportunidad para poder presenciar si esos dos turros intentaban algo con mi esposa estando yo presente….

Esa noche mi mujercita se vistió de manera bastante provocativa; con un vestido color azul oscuro; largo pero con unos tajos a los costados, por donde se asomaban sus largas y torneadas piernas. La espalda era descubierta, dejando ver a demás los perfectos hombros de Anita.

Justo nuestro auto estaba en el taller mecánico y entonces le sugerí a Ana si alguno de sus compañeros podía hacernos el favor de llevarnos.

Ella hizo algunos llamados y comentó que pasaría a buscarnos Rudy. Justamente, ese tipo era uno de los dos que se la habían culeado…

Al llegar Rudy, le dije a Ana que viajara ella adelante, ya que yo no lo conocía. Ella aceptó sin dudarlo… Durante el trayecto me di cuenta que el tal Rudy cuando podía se hacia el boludo y miraba la pierna de Anita que se asomaba por el tajo del vestido.

Cada vez que él movía su mano hacia la palanca de cambios, ella tenía un pequeño sobresalto. Entonces imaginé que el turro le estaba acariciando el muslo en vez de empuñar la palanca…
Lo peor de todo, era que yo sabía que Ana no llevaba ropa interior; por lo tanto, Rudy hasta podría estar llegando con sus dedos a rozar los humedecidos labios vaginales de mi mujercita…

Durante la cena tuvimos que sentarnos en mesas separadas: pero, en el momento del baile, Rudy se acercó a mí, para pedirme muy educadamente permiso para invitar a Anita a bailar con él…

Los observé mientras se balanceaban en la pista al compás de la música. En los temas lentos, sus cuerpos se pegaron bastante y pude ver que Rudy apretaba a mi mujercita contra su cuerpo y le acariciaba el culo, mientras ella no hacía ademán de impedirlo; ni siquiera intentaba apartarse de él…

En un momento los perdí de vista y desaparecieron por un breve lapso de tiempo. Al fin regresaron, cada uno por su lado. Ana me sonrió al sentarse junto a mi. Comprobé que sus sensuales labios ya no estaban tan prolijamente delineados en rojo coral. Entonces tuve la fantasía de imaginar esos sensuales labios rojos alrededor de la verga de Rudy, dándole una rápida mamada en algún rincón oscuro.
Por eso habían estado ausentes apenas unos pocos minutos…

Un rato después del brindis, la gente comenzó a retirarse.
Anita me dijo que Rudy tenía muy buena onda y se había ofrecido para llevarnos de regreso a casa.
Yo me imaginé que, además de buena onda, el tipo tenía ganas de cogerse a mi sensual esposa… y si podía darle por el culo, mejor todavía…

Al llegar al auto me encontré con otra poco agradable sorpresa: el cuarto pasajero sería Fernando; el otro turro que había enfiestado a mi mujercita en aquélla noche de cumpleaños…

Esta vez Ana me dijo que yo viajara adelante, para conversar con Rudy. Ella iría en el asiento trasero, con Fernando…

A poco de iniciar el viaje, me pareció oír unos leves gemidos provenientes del asiento trasero. No me animé a girar directamente mi cabeza para averiguar qué estaba pasando, pero Rudy sonrió levemente mientras miraba por el espejo retrovisor. Supe entonces que, con esa complicidad en las miradas; ese otro turro de Fernando estaba haciendo gemir a Anita…

Cuando estábamos por llegar, Ana les agradeció el viaje y les ofreció quedarse para compartir un último trago con nosotros en casa. Ambos aceptaron encantados. Entonces imaginé que la intención de esos dos tipos era cogerse a mi esposa; aunque yo estuviera allí presente…

Apenas entramos a casa, Anita puso música y atenuó un poco las luces.
Después de varias copas, todos estábamos bastante distendidos.

En un momento les pregunté si habían enfiestado entre los dos a alguna mujer. Ambos abrieron los ojos y miraron sin disimulo a Anita; pero enseguida aclararon casi al unísono que jamás lo habían hecho…

Entonces habló Anita, dejándonos mudos a los tres hombres:

“Ustedes dos podrían enfiestarme a mí… A Víctor le gusta mirar…”

Yo no dije nada; me serví otra bebida, esperando la reacción de ellos dos.

Pero los dos pibes seguían callados, todavía asimilando lo que había dicho mi sensual esposa. Ambos estarían seguros de que ella nunca se había enterado cómo le habían dejado el culo lleno de semen entre los dos.
Pero se equivocaban: hasta yo mismo lo sabía…

Anita decidió arrancar el juego. Se puso de pie y empezó a deslizar su vestido largo por las caderas, hasta dejarlo arrebujado en el piso. Quedó vestida solamente con un par de zapatos de taco aguja…

Se acercó a Fernando y lo hizo poner de pie. Luego comenzó ella a refregar su cuerpo contra el de él. Por supuesto, Fer no se quejó y me miró a los ojos buscando mi aprobación. Con un leve gesto de mi parte, el tipo comenzó entonces a franelear a mi esposa, atrayéndola contra su cuerpo, apoyando el trasero de ella contra su ya endurecida verga dentro de sus pantalones…

En un momento ella se dio vuelta y se agachó frente a Fer, para bajarle los pantalones hasta los tobillos. Luego Ana se recostó sobre el sillón, abrió sus piernas y esperó por su amigo, diciéndole que era toda suya…

El flaco no demoró ni un segundo en zambullirse entre los muslos abiertos de mi esposa, metiendo su lengua hasta el fondo de esa concha mojada.
Ella cerró los ojos y comenzó a suspirar suavemente.

De repente Fernando la hizo girar, poniéndola en cuatro. Se sentó en el lugar de mi esposa y le ordenó que le lamiera la pija. Cuando ella empezó a hacerlo, su redondo culo quedó disponible para Rudy, que no dudó en acercarse.

Se ubicó detrás de ella y le pasó la punta de su verga erecta entre sus redondos cachetes, abriéndoselos con ambas manos. Cuando justo estaba por penetrarle la concha, Ana les dijo a ambos que ahora era el turno de su esposo… Me miró a mi con su mejor cara de puta y me dijo:

“Quiero que me chupes la concha… y que lo hagas bien…”

Ana volvió a recostarse, abriendo sus invitadoras piernas. Me arrodillé frente a ella y empecé a darle una chupada de concha como para volverla loca. Ella comenzó a jadear, retorciéndose de placer, mientras trataba de empujar mi cabeza contra su pubis…
Quise bajar a lamer su estrecha entrada trasera, pero ella me lo impidió.

“Hoy no te toca a vos ese premio…” Me advirtió la muy turra…

En ese momento apretó mi cabeza entre sus muslos, dejándome saber que había alcanzado un orgasmo…

Después de haber quedado satisfecha con mi habilidad oral, dijo basta y me mandó a sentarme otra vez; para seguir observando todo de cerca.

El siguiente fue Rudy. Ana se hincó de rodillas frente a él y tomó esa verga dura con ambas manos, comenzando a lamer la punta como si estuviera tomando un helado. A los pocos segundos abrió bien la boca y se metió una buena parte de la pija de Rudy, sacándola luego suavemente.

Repitió la misma operación, como si realmente estuviera disfrutando de lamer un helado…
Rudy estaba casi recostado con los ojos cerrados disfrutando de la suave mamada que le estaba brindando mi mujer mientras Fernando y yo observábamos en silencio; pacientemente esperando nuestro turno.

A Andrés lo dejó totalmente al palo y entonces lo llamó a Fer. Le dijo que a él ahora le tocaba lamerle la cola. Ana apoyó sus manos contra la pared, inclinándose para sacar su culo en pompa.
Fernando, de manera obediente, se agachó y zambulló su lengua en esa estrecha entrada trasera, lubricándola con su saliva…

Volvió a llamarme, pidiéndome que le chupara la concha. Apoyé mi espalda en la pared y aferré a Ana por las caderas, comiéndome su concha ya bastante lubricada…

Unos segundos después, atacada por los dos frentes, mi sensual mujercita gimió y aulló, teniendo otro orgasmo sin que todavía la hubiesen cogido…

Después del orgasmo anunció: “Vamos a la cama…”
Ya en el dormitorio la tumbé boca arriba en nuestra cama y me dispuse a chuparle la concha mientras sus dos compañeros le ofrecían las vergas para que se las chupara.

En un momento Ana me tomó por la nuca, haciéndome levantar la cabeza. Me suplicó casi al borde de las lágrimas: “Quiero que me la metas ya…”

Apenas me incorporé, ella se puso en cuatro, ofreciéndome su concha ultra lubricada. Se la metí hasta el fondo en un solo empujón y comencé un mete y saca frenético; mientras Anita seguía chupando las dos pijas…

Antes de poder acabar, la saqué y les ofrecí a ellos intercambiar.
Rudy fue más rápido y ocupó mi lugar. Le refregó su pija por los labios vaginales a mi esposa y empezó a metérsela poco apoco hasta tenerla toda adentro. Rudy dejó escapar un gran suspiro de placer y ella también.

Después de un rato le cedió su lugar a Fer, quien le hundió la verga sin demasiado preámbulo. Agarrando los brazos de Ana tirándolos para atrás, haciendo que la penetración fuera lo más profunda posible…

Andrés mientras tanto, volvió a meter su pija entre los labios rojos de Ana. Mientras se la chupaba; él se estiró para jugar con el culo de ella.
De repente Fernando, mientras se la cogía desde atrás, comenzó a alternar sus dedos con los de su amigo, hurgando profundamente el ano de mi esposa, quien comenzó a retorcerse de placer sintiendo esos dedos…

Fer de repente se salió de Ana, anunciando que no podía más. Eso fue aprovechado por Rudy, para tomar la iniciativa con el culo de mi mujer.

La hizo voltear boca arriba; apoyó los tobillos de ella sobre sus hombros y empezó a hurgar con la punta de su verga el estrecho culo de Ana…
Ella no decía nada; tenía los ojos cerrados, esperando la penetración.
Rudy empujó un poco y logró traspasar con facilidad el estrecho esfínter anal de mi mujer, quien dejó escapar un largo suspiro y se fue relajando poco a poco, mientras sentía a su compañero de oficina entrar centímetro a centímetro, sin pausa, en su estrecho ano…

Fer ya recuperado, se acostó boca arriba y le pidió a Ana que lo montara, para que, entre los dos, pudieran darle una buena doble penetración. Apenas lo hicieron, Anita se puso a delirar como loca…

Después de un buen rato de bombearla sin piedad, Fer pidió su turno para darle a Ana por el culo. En apenas segundos, el flaco se tensó, aulló y se descargó en el culo de mi esposa; mientras ella deliraba de placer…

Rudy volvió a sodomizar a mi mujercita, pero no aguantó demasiado.
Enseguida acabó él también, agregando otra buena carga de leche caliente en el muy dilatado culo de Anita…

Apenas se salió, Ana cayó rendida hacia adelante. Yo no iba a desperdiciar mi oportunidad en el trasero de mi esposa; así que monté sobre su espalda y también la penetré analmente, como ya lo habían hecho sus amigos…
La excitación provocada por encontrar el culo de Ana dilatado y lleno de leche, me provocó rápidamente un intenso orgasmo, mientras Ana gemía bajo el peso de mi cuerpo…

Mientras yo acababa, Fernando y Rudy empezaron a vestirse en silencio.
Al despedirse le dieron unas palmadas en la cola a Ana y le dijeron que se verían el lunes en la oficina.
Ya en la puerta, esos dos turros me agradecieron que yo les hubiese permitido disfrutar del cuerpo de mi esposa. Le dije que ya sabía que no era la primera vez que le daban por el culo a Anita. Se sorprendieron un poco.

Regresé al dormitorio, encontrando a mi mujercita boca abajo, exhausta, con las piernas abiertas y chorreando semen por ambos orificios…
Abrió los ojos y me dijo, mostrando su sonrisa bien provocativa:

“Ahora ya sabes quienes son los que me dan por culo…y me dan muy bien”

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